Ser de izquierdas es creer en los instintos positivos, solidarios y compasivos del género humano. Por el contrario, la ideología dominante pretende tratarnos como seres egoístas, rapaces y envidiosos, y sobre estas miserias construye su antropología el capitalismo.
Ser de izquierdas hace que consideremos al liberalismo y al capitalismo como peculiaridades históricas, ni necesarias ni exclusivas, por más que así quieran disfrazarse...
Ser de izquierdas invita a creer y demandar bienes públicos numerosos y eficaces, comunes e indivisibles. Se opone a la ideología que pretende eliminar esos bienes, privatizarlos o someterlos a intereses particulares.
Ser de izquierdas es mantener firmemente en que el trabajo es un valor, un derecho y una prioridad, porque sólo creando, produciendo y entregando a la comunidad nuestros mejores esfuerzos los humanos nos justificamos como tales. Y se opone, con todas sus fuerzas a la banalización y trivialización del trabajo que es lo que hacen, invariablemente, el capital y el empresariado ultramontano.
Ser de izquierdas es amar la cultura y el impulso artístico, que nacen del anhelo humano y social por la belleza. Y rechaza su institucionalización y burocratización porque contribuyen a anular la imaginación y la libertad creativas.
Ser de izquierdas lleva al respeto absoluto a otros pueblos, otras culturas, otras religiones, y niega tajantemente que nadie pueda pretender la superioridad de ningún pueblo, cultura o religión sobre otros.
Ser de izquierdas mueve a rechazar el imperio del entramado financiero y especulativo internacional, así como la imposición del poder económico sobre el político. También supone estar en contra de cualquier alianza militar, de su lógica y sus acciones, que lejos de estar regidas por el discurso al uso, que no pocas veces pretende ser humanitario e incluso pacifista, obedecen casi siempre a objetivos inconfesados y miserables.
Ser de izquierdas es abrirse a la discusión y al contraste de pareceres, así como al aprendizaje político y a la fundamentación de los argumentos, bien sea en el análisis teórico riguroso, bien en la valoración de la experiencia.
Ser de izquierdas es asumir la política como ciencia, como arte y como deber; y, más todavía, como antesala del compromiso social. Por eso, esta actitud es incompatible con las fechorías de los políticos corruptos, a los que se ha de perseguir hasta apartarlos de la política activa.
Ser de izquierdas implica un gran respeto a la protección y la conservación de los recursos naturales y de la naturaleza que nos envuelve y de la que somos parte. Y esta defensa adquiere el mismo nivel e importancia que las exigencias políticas más esenciales, porque quienes envilecen nuestro mundo con la mentira política y el abuso social son al mismo tiempo, en el fondo, los villanos ambientales.
En consecuencia, podemos estar seguros de que:
Ser de izquierdas implica un notable sentido de la responsabilidad política y social, y por sobre cualquier otra consideración, un alto contenido ético y moral.
Hay más personas de izquierdas de las que ellas, y nosotros mismos, creen y creemos...
Felicitémonos por ello: ¡Viva la gente de izquierdas!

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